XXV Foro de Sao Paulo

Comienza en Caracas la clausura del XXV Foro de Sao Paulo. Asisten los presidentes de Venezuela Nicolás Maduro y de Cuba Miguel Díaz Canel. Representantes de la izquierda de la región se reúnen en el Palacio de Miraflores y rinden homenaje a Hugo Chavez en su cumpleaños 65.

Es un sitio humilde, tranquilo a veces, bullicioso a ratos. A los pies del Cuartel de la Montaña el pueblo que tanto amó en vida al Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, que todavía le ama, llena de vida un pequeño espacio convertido en capilla, de alguna manera mítico, al que han nombrado «Santo Hugo Chávez del 23».

Hay plantas y velas, medallas y rosarios, una bandera de Argentina, fotografías y estampillas… apenas algunos de los muchos recuerdos que desde marzo de 2013 han dejado allí miles de venezolanos. En la pared del fondo se descubre una imagen de Jesús, que carga la cruz; justo al lado una de Chávez, vestido con uniforme militar y boina roja, saludando. En grandes letras de molde puede leerse: «Dios con nosotros ¿Quién contra nosotros?».

Son «cosas que hablan por sí solas y que ha traído el pueblo», cuenta a nuestro equipo de prensa Elizabeth Torres, miliciana encargada de custodiar la capilla, de mantener en ella una mezcla extraña entre lo terrenal y divino, tal cual fue la propia existencia de Chávez, que este 28 de julio cumpliría 65 años.

En el pequeño espacio, como cada calendario después de aquel fatídico 2013 en que falleció el Arañero de Sabaneta, la Parroquia 23 de Enero festeja a Chávez, festeja la vida… y «muchos nos reunimos para cantarle Feliz Cumpleaños y picarle una torta», asegura Elizabeth, porque para «nosotros será siempre en presente su cumpleaños».

Una especial relación nació hace mucho entre el barrio 23 de enero y Hugo Chávez, una relación marcada por días de incertidumbre y también de luz. Aquí, donde se enclava el Cuartel de la Montaña, pudiera decirse que fue el lugar donde comenzó todo, fue «Chávez el que nos abrió los ojos, el que nos despertó aquella madrugada del 4 de febrero del 92, cuando dijo aquel por ahora que se convirtió en un para siempre, porque él sigue sembrado en nuestros corazones».

Y en abril de 2002, cuando el mundo supo que «Chávez no renunció, lo tienen secuestrado», desde estos cerros bajó el pueblo para llenar las calles de forma voluntaria, rescatar a su Presidente y devolverlo al Palacio de Miraflores y con ello la esperanza a millones. «Nos dejó educación, alimentación, salud, nos dejó todo y dio su vida por su pueblo, por nosotros», evoca Elizabeth y no puede reprimir la emoción que le producen los recuerdos.

En la pequeña capilla Chávez es venerado por su pueblo como un Santo, aunque no lo es y todos lo saben. «Para nosotros es un hombre tan normal y terrenal como otros, como tantos… tal vez pueda declararse Santo algún día, por las cosas que hizo por el pueblo, por todos nosotros», explica la fiel guardiana de tantos homenajes y silencios.

Frente a ella nadie puede osar decir que el amor de los venezolanos por el chavismo «ha ido pasando». Mientras muchas personas quieren hacer cosas para que el mundo crea  perdido ese sentimiento, desde los más insospechados espacios se continúa defendiendo su legado con uñas y dientes, «porque mientras más nos hagan batalla más amamos a nuestro Comandante; él nos dejó esto, nos dejó todo, nos dejó esta Patria…» rebate Elizabeth, nos mira y sonríe, sabiéndose dueña de un futuro más limpio, más auténtico.   https://bit.ly/2Oy5x3A  

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