Cuando amanece (+Fotos)

Sobre las cuatro de la madrugada me estoy bebiendo un cuenco con café fuerte en la sala de mi casa.

La camisa y las botas están puestas sobre el sofá. La mochila, el teléfono.

Hay un jarro con agua en el fogón.

Sobre las cuatro de la madrugada, Cristina Rivero –según me ha dicho– está parada a dos cuadras de la Plaza con un pomo con agua y un sombrero del que cuelga una foto de Chávez y Fidel.

Cuando nos vemos, como a las 8:10 de la mañana, yo estoy parado a un lado del desfile, tras una valla, y ella se me acerca a paso de conga.

–¿Tú eres periodista?

–Del Granma.

–¿Ya viste a Fidel? Lo traigo pa’ que desfile –me enseña el sombrero–. Él es el alma de nosotros. Y Chávez.

Me mira bien.

–¿Qué edad tú tienes? –dice. No deja que responda–. Tú eres joven. ¿Qué tú estabas haciendo a las cuatro de la mañana?

Le contesto lo del café. Me dice que a las cuatro ya ella estaba a dos cuadras de la Plaza.

Foto: Juvenal Balán

–Y eso que ya ando en 87. Los cumplí en marzo, y me siento que mira…

Entonces baila.

–Ah, y vine sola. Yo vengo a todos los Primero de Mayo, y me gusta cumplir.

Hay una rumba que no nos deja hablar. Habla más alto.

–¿Esto sale en el Granma?

–En el Granma.

–Ahí, ¡que yo lo vea! –Y me da un beso. Y la rumba se aleja, y ella atrás.

La sigo con la vista hasta que se pierde entre un montón de gentes que ­saludan y que soplan cornetas. Hay móviles, cámaras fotográficas. Gorras en las cabezas de los hombres que llevan niños encima de los hombros. Carteles en las manos de los niños y banderas cubanas como hebillas para amarrarse el pelo y es difícil distinguir algo entre la multitud.

La multitud, sin embargo, es hermosa…
 
***
A las seis de la mañana había pocas personas en la explanada frente a la Plaza. Una banda de música. Seguridad.
A mi izquierda, junto al teatro, detrás de una valla, había miles de gentes a la espera...

Me ubiqué en la tarima habilitada para la prensa. Tomé algunas notas y releí las frases que pasaban en dos pantallas, de frente a nosotros.

Sobre las seis y media las pantallas proyectaban trabajos periodísticos.

Y amaneció.

A las 7:30 a.m. comenzó todo y a las 8:20, junto a la valla a un lado de la tarima, una joven de rojo me pregunta si he visto las banderas que trae la Brigada de Solidaridad de los Pueblos Latinoamericanos con Cuba.

Me dice que se le adelantó al grupo. No he visto las banderas. Le pregunto por la Brigada.

–Trabajamos –dice– en todos los países de la región con los que coincidimos en ideología. En nuestro caso, somos profesores que venimos a trabajar con la Universidad de La Habana, a compartir experiencias entre docentes, entre académicos, porque nosotros tomamos de ejemplo la educación de ustedes.

«En México, el modelo económico que tenemos ha ido lastimando mucho al pueblo, y hoy que debía ser un desfile importante de los trabajadores, lo que sucede es algo muy pequeño. La gente ya no cree».

Mientras hablamos, mira hacia todos lados.

–Me parece impresionante la cantidad de gente. No se ve lo que dicen allá, que las personas vienen acarreadas, que las obligan a venir a cambio de agua o comida. Pero los que tenemos una preparación universitaria de corte socialista sabemos que esa información está orientada a que tengamos una idea errónea respecto a Cuba. Conocemos la realidad que ustedes viven, pues. Y por eso venimos a aprender de su modelo educativo…

«También la solidaridad de ustedes es un valor muy grande que a nosotros nos han destruido a través de la política. Sin embargo nos dicen que tenemos libertad: libertad entre un producto transgénico y otro producto transgénico; libertad entre cien canales de televisión que venden basura; libertad en un modelo de educación que está obligado a llevar políticas internacionales con tendencia a la privatización de la educación…».

Ella habla y se exaspera. Lo nota. Se relaja. Habla despacio.

–El modelo neoliberal ha lavado cerebros. Nos ha ido destruyendo. Por eso vengo aquí y luego sigo trabajando en el aula; propagando entre mis muchachos los principios revolucionarios de todo el mundo… Y como yo, lo hacen los docentes que vinieron conmigo… que ahora mismo no sé dónde están.

Reímos ambos.

–¿Cuál es tu nombre? –le pregunto.

–Claudia. Claudia Verdejo.

Intercepto a un muchacho que lleva una bandera grande de Honduras.

Dice que es licenciado en Pedagogía.

Dice que su nombre es Francisco Javier Rivera.

–En mi país tenemos que protestar porque nos burlan nuestros derechos; nos los han violado. Tenemos un gobierno de derecha que ha sido duro con la clase trabajadora; que ha querido desterrar todo lo que huela a sindicato, todo lo que huela a trabajador. Por eso vine a Cuba. A experimentar cómo ustedes celebran el triunfo de sus derechos laborales.

Intercepto a una joven:

–Estoy en la Plaza para reafirmar el compromiso con la Revolución y con Fidel, que aunque no esté físicamente está en nuestras convicciones, en nuestros principios.

«Yo me llamo Susana, trabajo en la empresa de laboratorios AICA del municipio de La Lisa, en al UEB de citostáticos, donde se realizan los productos para el cáncer, y como joven cubana considero que es importante que las relaciones de nuestro país mejoren con Estados Unidos, y se fortalezcan con todos los países del mundo, por la importancia que tiene este hecho para llevar adelante la obra de la Revolución».


***
Sobre las nueve, la Plaza comienza a despejarse. Franqueo la valla y regreso al periódico caminando entre calles aledañas, llenas de gente subiendo a los ómnibus. Hay remanentes aislados de rumba. Hay fotos de Fidel en los carteles y del Che en los pulóveres.

Camino y pienso en la sensación de las banderas cuando amanece desde la tarima.

Regresa la quietud.

Foto: Estudios Revolución

Foto: Juvenal Balán

Foto: Juvenal Balán

Foto: Yaimí Ravelo

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